Fue un partido así… Wisła - Inter | 30.10.2001 г.

Con motivo del próximo partido de la fase de clasificación de la Liga Europa, recordamos uno de los encuentros internacionales más emocionantes del Biała Gwiazda.

Zdjęcie: Był taki mecz… Wisła - Inter | 30.10.2001 r.

Con motivo del próximo partido de la fase de clasificación de la Liga Europa, recordamos uno de los encuentros más emocionantes del Biała Gwiazda en el ámbito internacional. El desenlace agridulce de aquella aventura ya forma parte de la rica historia del club de Cracovia, y el regreso del Wisła a la competición europea después de más de una década es la ocasión ideal para echar un breve vistazo al pasado.

Corría el año 2001 y el Wisła de Cracovia, dirigido por Franciszek Smuda, participaba en la lucha por la Copa de la UEFA. Tras una igualada batalla en la primera ronda del torneo, el Biała Gwiazda acabó imponiéndose al Hajduk Split en la eliminatoria, con un resultado global de 3:2. Sin embargo, las mayores emociones parecían estar aún por llegar para los cracovianos, ya que su siguiente rival sería el Inter de Milán, que contaba en su plantilla con la estrella brasileña Ronaldo.

El primer encuentro entre ambos equipos se disputó en Italia y fue una dolorosa lección de fútbol para los jugadores de camiseta roja. Gracias al doblete de Kallon, el Wisła se vio obligado a regresar a Cracovia con una desventaja de dos goles, afrontando el dificilísimo reto de dar la vuelta a la eliminatoria. Entre los aficionados surgían voces que recordaban la memorable remontada ante el Real Zaragoza, aunque la categoría del rival y la capacidad defensiva de los Nerazzurri no auguraban un desarrollo similar.

A pesar de que muchos los daban por derrotados, en los rostros de los pupilos del técnico Smuda se reflejaba una fe inquebrantable en la remontada. El entrenador «Franz» decidió celebrar el último entrenamiento a puerta cerrada para preparar tranquilamente a sus jugadores para la batalla sobre el césped y elegir la alineación titular más adecuada. Cabe añadir que el equipo de Héctor Cúper tampoco parecía menos concentrado. El estadio del Wisła llevaba mucho tiempo siendo conocido como una auténtica fortaleza, y el último equipo que había conseguido llevarse con dificultad una victoria de Cracovia había sido nada menos que el FC Barcelona. Por tanto, no había lugar para la falta de motivación. El técnico argentino no quiso revelar sus decisiones sobre la alineación hasta el último momento, dejando la cuestión a la especulación de los periodistas.

La alineación local estaba repleta de nombres que hoy asociamos inequívocamente con figuras destacadas de la historia de nuestro club. Los encargados de marcar los goles aquel día serían Olgierd Moskalewicz, Tomasz Frankowski y Maciej Żurawski, que sustituía en la banda izquierda al sancionado Kosowski. Este último respondió a la confianza del entrenador ya en la primera acción ofensiva, marcando en el minuto 4 el 1:0. La mitad de la desventaja ya estaba neutralizada, y el público reunido en las gradas aún tenía por delante prácticamente todo el partido.

Sin embargo, el resto de la primera mitad transcurrió con relativa rapidez y estuvo marcada por una intensa batalla en el centro del campo. Ryszard Czerwiec, junto con Kazimierz Moskal, actualmente sentado en nuestro banquillo, cumplía a la perfección con sus tareas tácticas. Frankowski, asistente en el gol anterior, no aprovechó su ocasión para establecer una ventaja de dos goles, mientras que el guardameta del Inter, Alberto Fontana, en un gran día, neutralizaba las acciones a balón parado de Mirosław Szymkowiak, con Javier Zanetti formando parte de la línea defensiva. Los visitantes tampoco se limitaron a defender un resultado que todavía les daba la clasificación. Los jugadores vestidos de negro y azul buscaban sus oportunidades con disparos lejanos, aunque les faltaba eficacia, por lo que el marcador no volvió a cambiar antes del descanso.

La segunda mitad comenzó con un juego ofensivo aún más atrevido por parte de los jugadores del Wisła. Frankowski seguía activo en el área italiana, mientras que Arkadiusz Głowacki, encargado de proteger el centro de la defensa, neutralizaba rápidamente cualquier intento de acercamiento a la portería de Artur Sarnat. Tras el descanso, Moskalewicz, poco visible en la primera parte, se mostró mucho mejor. Fue precisamente una de sus carreras la que permitió al equipo de las inmediaciones del Wawel obtener un peligroso lanzamiento de falta. Corría el minuto 61. Se acercó al balón nada menos que Szymkowiak, cuyo intento de disparo preciso se estrelló en el poste. Estuvo muy cerca de aumentar el marcador e igualar el resultado global de la eliminatoria.

Aquella situación actuó sobre los visitantes de Milán como un despertador matutino. A partir de ese momento comenzaron a hacerse patentes la superioridad y la experiencia de los visitantes, algo que se vio agravado por varias acciones despreocupadas en las filas de nuestra defensa. En esta fase del partido, el adolescente Adriano, que por entonces contaba con 19 años, causó numerosos problemas con su juego y su picardía, y los aficionados lo recordaron por sus enfrentamientos no del todo reglamentarios con Marcin Baszczyński. Más allá de las tarjetas amarillas, poco cambiaba en las estadísticas del partido, y el encuentro avanzaba inexorablemente hacia el pitido final con cada minuto que transcurría.

Sin embargo, los jugadores del Biała Gwiazda, muy agotados, fueron capaces de lanzarse a un último intento de forzar la prórroga. El tramo final del espectáculo podía describirse como un asedio masivo a la portería del Inter de Milán. Se buscaban balones largos, saltándose la línea del centro del campo, y centros al área. Franciszek Smuda dio entrada a Grzegorz Niciński y Marek Zając, con la esperanza de que pudieran marcar el gol soñado de cabeza. En un momento dado, incluso Sarnat, que jugaba como guardameta, apareció en el área del otro lado del campo; al fin y al cabo, el fútbol ya había escrito más de una vez guiones similares con los porteros como protagonistas. Por desgracia, el sacrificio hasta los últimos segundos resultó insuficiente esta vez y el Wisła de Cracovia, pese a vencer a uno de los mejores equipos de Europa, tuvo que despedirse aquel año de su aventura en las competiciones de la UEFA.

Años después, se sigue recordando la magnífica actuación de los jugadores del Wisła en aquel partido de vuelta. Mostraron un fútbol realmente bueno y estuvieron muy cerca de protagonizar una gran sorpresa. A menudo se lamenta que el disparo de falta de Szymkowiak no encontrara el camino de la portería. Por otro lado, si los cracovianos hubieran jugado con un estilo similar ya en el primer partido, quizá la victoria por un gol habría sido suficiente para prolongar la eliminatoria, e incluso podría haber permitido algo más. Todo eso, sin embargo, no son más que conjeturas. El ganador más joven de la historia del Balón de Oro y del premio al Jugador del Año de la FIFA, el legendario Ronaldo, no llegó a pisar el césped ni un solo minuto. El delantero brasileño acababa de recuperarse de una lesión y el entrenador no quiso arriesgarse a que recayera en un partido tan disputado. Aquí puede aplicarse el refrán «lo que se aplaza no se pierde», porque el célebre O Fenômeno jugaría en Cracovia tres años más tarde, con la camiseta blanca de cierto equipo español… pero esa ya es otra historia.

Wisła de Cracovia - Inter de Milán 1:0 (1:0)
1:0 Żurawski 4’

Wisła de Cracovia:
Sarnat - Baszczyński (90’ M. Zając), B. Zając, Głowacki, Kaliciak - Szymkowiak, Moskal, Czerwiec (79’ Pater), Żurawski - Frankowski (74’ Niciński), Moskalewicz

Inter de Milán:
Fontana - J. Zanetti, Cordoba, Materazzi, Greszko - Okan (81’ Simić), C. Zanetti, Farinos (65’ Di Biagio), Dalmat - Adriano (75’ Ventola), Kallon