Hubo un partido así: del infierno al cielo, es decir, Wisła - Real Zaragoza 4:1
W la noche del jueves, el Wisła Cracovia afrontará el difícil reto de remontar la desventaja de dos goles del partido de ida disputado en Trnava.
El jueves por la noche, el Wisła de Cracovia afrontará el difícil reto de remontar la desventaja de dos goles del partido de ida disputado en Trnava. Muchas personas ya dan por segura la clasificación del Spartak a la siguiente ronda, sin conceder así demasiadas opciones al Wisła. Revertir el destino de la eliminatoria contra un rival mejor situado no será, desde luego, una tarea fácil; sin embargo, como ya ha demostrado en numerosas ocasiones la rica historia del club cracoviano, hay que no rendirse hasta el final, incluso cuando la situación parece desesperada. En este punto vale la pena recordar la vuelta contra el Real Zaragoza español, cuyo desarrollo sobre el terreno de juego no habría desmerecido al mejor guionista.
Antes de trasladarnos a aquel enfrentamiento, no se pueden pasar por alto los acontecimientos previos del estadio de La Romareda. La Estrella Blanca comenzó aquella eliminatoria de forma muy prometedora y ya desde el minuto 12 ganaba 1:0 gracias a un precioso disparo de Radosław Kałużny. Sin embargo, fueron comienzos agradables que presagiaban un mal desenlace, y a partir de ese momento el partido quedó completamente sometido a los locales. Los jugadores del Real, irritados por haber encajado el gol, lograron empatar antes del descanso y, tras el cambio de lado, se hicieron por completo con el control del encuentro. Los polacos no podían hacer frente a la velocidad, al juego combinativo ni a la preparación técnica de sus rivales, y el castigo de encajar otros 3 goles parecía, aun así, muy benévolo. Tras el pitido final, el marcador mostraba un 4:1 en contra de los cracovianos, quienes, según la opinión de muchos observadores, ya habían terminado aquella noche su aventura en las competiciones europeas. Sin embargo, como se comprobó dos semanas después, aquellas afirmaciones eran prematuras…
El 28 de septiembre de 2000, el Wisła de Cracovia disputó en su estadio la vuelta contra el Real Zaragoza. Ya antes del partido, muy pocos confiaban en remontar la desventaja de tres goles, y el desarrollo de los primeros 45 minutos fue capaz de apagar eficazmente el entusiasmo incluso entre los mayores optimistas. El encuentro comenzó con un gol cantado desperdiciado por Maciej Żurawski y una desafortunada intervención de Marcin Baszczyński, que envió el balón de cabeza a su propia portería. Desde el minuto 5, el resultado global era de 5:1 para los españoles y no cambió hasta el final de la primera mitad. Parecía que los jugadores de Orest Lenczyk necesitarían un milagro para marcar cuatro goles y forzar la prórroga.
El técnico Lenczyk realizó tres cambios sorprendentes antes de la segunda mitad. Retiró del campo a Ryszard Czerwiec, Tomasz Kulawik y Olgierd Moskalewicz, es decir, a figuras que por aquel entonces constituían la fuerza del Wisła de Cracovia. En su lugar saltaron al césped Grzegorz Niciński, Łukasz Sosin y Kelechi Iheanacho. Los aficionados reunidos en Reymonta se frotaban los ojos con incredulidad al ver que su equipo iba a jugar con una alineación de cinco delanteros nominales. Sin embargo, pronto quedó claro que aquella locura tenía un método, porque poco después comenzaron a suceder cosas realmente increíbles.
En el minuto 51, Iheanacho marcó el que fue su gol de debut y, como se descubriría años más tarde, el único con la camiseta de la Estrella Blanca en el pecho. El delantero nigeriano, introducido en el descanso, se encontró en el lugar adecuado y, a la segunda oportunidad, marcó el 1:1. Una tímida alegría se apoderó de los corazones de los aficionados del Wisła, y desde las gradas se oían gritos de «¡Tres más!». Los jugadores de rojo, que tenían poco que perder, impulsaban nuevos ataques y apenas cuatro minutos después pudieron celebrar la remontada. Żurawski, lanzado con el balón, pasó a Tomasz Frankowski, que no solía fallar en las ocasiones de gol. Esta vez no fue diferente y la desventaja global se redujo a dos goles.
Los jugadores que participaron aquel día recuerdan años después que realmente empezaron a creer en la posibilidad de remontar la eliminatoria solo tras el gol de Kazimierz Moskal para el 3:1. El actual entrenador del Wisła decidió en el minuto 61 probar un potente disparo desde fuera del área, presentando a los periodistas su candidatura al título de Jugador del Partido. El balón salió con tanta precisión y fuerza que no dio ninguna opción al portero del Zaragoza, Juanmi. A dos cuartos de hora del final del tiempo reglamentario, al Wisła ya solo le faltaba un gol.
Poner el «punto final» parecía lo más difícil de toda aquella persecución del resultado. Lo intentaron Niciński, Sosin e Iheanacho, hasta que llegó el minuto 88 del partido. El asedio a la portería del equipo aragonés continúa y Kosowski se dispone a sacar una falta. Centra desde la derecha, provocando un enorme caos en el área del Real. El balón, prolongado por Marek Zając, golpea dos veces el larguero y acaba a los pies de Tomasz Frankowski, que desde muy cerca añade la última pieza del rompecabezas del Wisła. ¡4:1 y habrá prórroga!
Los jugadores, exhaustos, no fueron capaces de inclinar la balanza de la victoria hacia ningún lado, aunque tuvieron magníficas oportunidades para hacerlo. Por parte del Wisła, Sosin falló por poco, mientras que Juanele no pudo sentenciar el encuentro para los españoles en los 120 minutos. Cabe añadir que, en una de las últimas jugadas, Baszczyński se redimió de su error del comienzo del partido al despejar el balón sobre la línea de gol. Tras la media hora adicional, el partido de la primera ronda de la Copa de la UEFA seguía sin conocer a su vencedor, y la victoria tendría que decidirse en una tanda de penaltis.
La iniciativa estaba ahora del lado del Wisła de Cracovia, que con su extraordinario regreso había destrozado mentalmente al equipo del Real Zaragoza. El entrenador visitante, Juan Manuel Lillo, estaba furioso y no entendía qué les había sucedido a sus jugadores. Las dos primeras tandas de penaltis transcurrieron sin errores: para el equipo de las faldas del Wawel marcaron sucesivamente Maciej Żurawski y Marek Zając, mientras que para los visitantes lo hicieron Santiago Aragón y Roberto Acuña. Arkadiusz Głowacki inició con éxito la siguiente tanda, mientras que en el equipo de Primera División falló Juanele, quien antes había podido sentenciar el partido en la prórroga. Entre los aficionados de las gradas se escuchaba la alegría por la ventaja, que, sin embargo, no duró demasiado. En la cuarta tanda, Baszczyński ejecutó mal su penalti, en un partido que para él fue una auténtica montaña rusa de emociones. Yordi volvió a igualar y comenzábamos la quinta tanda con empate. Tomasz Frankowski marcó para el Wisła y José Ignacio se dispuso a lanzar el último penalti. El español tomó carrerilla, disparó y… ¡no acertó a la portería! Su disparo pasó junto al poste y una alegría increíble se apoderó del estadio de Reymonta. El Wisła de Cracovia se convirtió en el primer club de la historia del fútbol polaco en ser mejor que un equipo español en una competición europea. ¡Y de qué manera!